Entrevista: ADRIANA VARELA: “SOY MUY SALVAJE, SIEMPRE VOY AL TORO” - SEPTIEMBRE 2008 (Publicada en LOS ANDES on-line).

La cantante llegará a la provincia el sábado, para encontrarse con los mendocinos, antes de grabar su nuevo disco, en vivo, en El Ateneo de Buenos Aires. Serena y genial, habló en exclusiva con Los Andes.
Mendoza es, para ella, casi un hogar desde hace un largo tiempo: la espera el abrazo ardoroso de la platea que siempre está dispuesta a dejarse seducir por sus modos ásperos y cálidos, a un tiempo; la espera nuestra sala mayor, bien trajeada, para que pueda lucirse sobre el escenario como le gusta: pasional, sensible, conectada con ese otro que la espera, anhelante, en su butaca del palco.
¿Qué va a cantar Adriana Varela? ¡Qué más da!: algo de “Encaje”, otro tanto de “Maquillaje”, y un poco de “Cuando el río suena” y ... Ella viene con esos tangos que animan a su público pensar en: “Uno que nos sepamos todos pero que vos, Gata, cantás como ninguna y por eso me gusta escucharte; esos tangos con los que me hacés erizar la piel”.
Y ella, desde arriba del escenario, devuelve el piropo (“con ese modo..., ese modo que me puede”, suspiran desde la platea): “Yo también te quiero”.
Todo un acto/pacto de amor que Adriana ya firmó hace tiempo con su audiencia mendocina; esa que, sin dudarlo, llenará la sala cuantas veces sea necesario. Así de incondicional es esta relación. Por eso Varela vuelve y vuelve y seguirá volviendo: los afectos no se traicionan.
“De aquí me voy a Chile, Montevideo -recuenta-. Ahora vengo de Buenos Aires”.

- ¿Estás preparando algún disco nuevo?
- Sí. Cuando vuelva de Europa presento, en el Ateneo, un recital con cinco guitarras criollas y ahí mismo grabo el disco en vivo.

-¿Cuál es el repertorio?
- Son tangos entre gardelianos y riverianos, bastante tumberos (se ríe). Es un sonido que a mí me enloquece: la voz fluye de otra forma, es más cálido todo (apura un tono de orgullo para decir). Uno de los guitarristas que me va a acompañar es mi hijo. Él toca bien el tango, aunque hace rock y pop.

Canta el tango como rockeando

Antes del ‘90, cuando empezó sus escarceos amorosos con el 2x4 de la mano del Polaco Goyeneche, Adriana Varela militaba en las filas del rock. Pero la pasión manda:

- ¿Hoy el tango está por delante del rock, respecto a dar cuenta de nuestra identidad?
- Absolutamente porque el rock tuvo una caída muy fuerte cuando dejó de ser transgresor, en los ‘80, y empezó a consumirse dentro de lo que es el mercado.

- ¿Ya no te gusta el rock?
- Me gustan los buenos grupos de rock. Soy una enamorada perdida de Jimmy Page: tengo todo su material. Los tipos interesantes como él, Prince, Spinetta y demás, se han bajado del mercado. Y creo que ahora es el tango el que busca la identidad que encontrábamos en el rock cuando éramos pendejos. El tango lo ofrece porque es orillero y portuario, tiene eso de políticamente incorrecto que nos gusta tanto a los rockeros.

- ¿Creés en una rivalidad entre el tango tradicional y las fusiones?
- Las dos búsquedas son válidas cuando están bien hechas, porque el tango nos pertenece. Con Santaolalla siempre decimos, refiriéndonos al tango electrónico: “Esto no es tango, es electrónica con toques de tango”, pero cuando está bien hecho; bienvenido. El tango que yo hago, y que busca también mucha gente joven, es el que quedó no comunicado.

- ¿Por qué?
- Porque es el que habla de la pobreza, de la humildad; de esos cuartos eternos donde está la mujer que se perdió, pero no se olvida el paisaje humilde de donde venía; del barrio. Y esos grandes autores como Manzi, Celedonio Flores, Cadícamo o los Contursi son, filosóficamente, muy importantes. Son de alta poesía. Hoy no se habla de la poesía nueva del tango sino de estos tangos.

-¿Hay hoy compositores nuevos?
- ¡Por supuesto! De hecho yo he estrenado tangos nuevos: de Jaime Roos, por ejemplo. Pero es muy difícil, a la hora de elegir el repertorio y sobre todo para mí que soy una busca del tango orillero y portuario, superar la alta poesía que tienen esos viejos tangos. Estos autores son modernos hoy.

- ¿Qué tangos descartás?
- No me gusta “Nostalgia”. No me gusta “Pasional”. No me gusta “Uno”; tal vez porque los escuché tanto que me hartaron. No me llega ese tango pretensiosamente existencial. Me gusta más el tango que está mucho más acotado en lo anécdotico pero que trasciende sin querer hacerlo. ¡Y no te hablo de “Mi noche triste”, que no tiene nada que ver con la pretensión intelectual! Yo elijo esos tangos porque me pegan en el corazón. La vanguardia, para mí, no está en la apariencia sino en la esencia.

- A la hora de armar el disco, ¿cómo decidís cuál tango queda afuera y cuál no? ¿Cuál es tu criterio?
- El emotivo. Yo no filtro. No creo en las artistas que hacen las cosas para los demás; salvo el hecho de cantar, que uno lo hace para el otro. Cuando elijo repertorio es una búsqueda propia y no estoy pensando en nada más que en lo que a mí me moviliza.

- ¿Cómo es ese proceso creativo que no se ve sobre el escenario?
- Por suerte cuento con un director musical, arreglador y pianista (que es Marcelo Macri) que me ayuda a pulir con los arreglos y a orientar aquello que no está claro. Por ahí hay sugerencias; por ejemplo: a mí me costó mucho grabar “Sur”, porque me parecía que estaba muy trillado; y aunque es un tango extraordinario me daba miedo hacerlo. Finalmente le hice caso a Marcelo e hicimos una versión muy heavy. La cocina del disco es muy interesante: vamos descubriendo las letras y ese proceso es fantástico. Porque es genial descubrir cómo estos hombres han escrito con el humor y el desgarro que lo han hecho.

- ¿Por qué creés que esos autores aún son actuales?
- Cuando uno se queda huérfano de rock tiene que volver a los padres artísticos; que a veces son pares, como Jimmy Hendrix, Spinetta, Charly o Los Beatles. Lo mismo con los poetas de tango. La vibra que había en el Buenos Aires del '30, era la vibra del tango. Cada poesía de estos autores son películas en dos minutos.

-¿Vos construís una imagen visual en tu mente cuando estás cantando?
-Sí, instantáneamente; y creo que a la gente le pasa lo mismo. No es necesario tener un farol, o un empedrado. Esos clisés que no son frescos, son patéticos. Estos autores con su poesía tienen toda la escenografía que necesitan.

Tu mundo es mi mundo
-¿Sos una mujer conectada con la realidad que discurre abajo del escenario?

-Demasiado. A veces me dicen mis hijos: “¡Pará un poco!”; porque me da bronca que muchas cosas no se entiendan. Los procesos históricos son muy complejos, uno tiene que comprender que profundizar cambios es muy difícil.

El otro día escuché una cosa muy interesante de Leonardo Favio; dijo que había muchos argentinos extraordinarios, pero que si teníamos que ganar mucha plata lo que había que hacer era exportar mermelada de boludos (se ríe).

Y es un hallazgo, no retórico (se ríe) pero sí metafórico. Es una imagen perfecta de lo que a mí me perturba: los boludos son los más peligrosos de todos.

El hijo de puta es alguien que puede ir cambiando de forma, pero no te miente: ves que es un hijo de puta. El tema es el panqueque, el que no permite crecer a la clase más carenciada.

Nosotros: el medio pelo de Jauretche, que se identifica con el rico que nunca le va a dar un pomo. Pero la verdad es que hay una realidad mundial peligrosa, en la que tengo la sensación de que se quiere tirar a los pobres del mapa. Ésta es una pulseada muy difícil.

-Para muchos pueblos hoy el problema es el alimento...

-Sí, la comida... (piensa). Hay gente famosa que dice: “Yo me encierro en mi auto blindado porque no aguanto ver pobres” (se refiere a Moria Casán). Está bien que lo pueda decir, pero estamos en el horno. Aunque también hay una cuestión de causa-efecto.

-¿En qué sentido?
-Hay algo que vuelve, indefectiblemente. Y ya verás que los countries no están tan seguros. Los grandes ricos ya no pueden esconderse. El mundo ya no es impenetrable.

Con la mira en el interior
-¿Cómo lográs la empatía que tenés con tu público? ¿Cómo conseguís comunicarte en esta época en que estamos tan “incomunicados”?

-El artista debe seguir por el camino que eligió. Yo, el camino que elegí, es el mismo que cuando decidí que iba a hacer esto: sigo trabajando, comiendo de lo mismo. Sigo teniendo público (cada vez un poco más), no me traiciono, no me traicionan, y no pretendo más de lo que tengo. Para mí es suficiente.

-¿Tenés algún ritual antes de salir al escenario?
-(categórica) No, no, no. Soy muy salvaje siempre voy al toro. No tengo un ritual, y debería tener un poquito (se ríe). Pero me estoy curtiendo...

-¿Qué otros aspectos te criticás?
-Soy muy cabeza dura. Profesionalmente soy bastante acotada, en el sentido de que no me gusta viajar a Japón aunque haya plata. No transo con una “multi”, no me gusta estar saliendo con fritas como hacen en Japón. Es una autocrítica en el sentido de que me he negado a probar y tal vez me equivoque; pero, bueno, con eso no transo.

-¿Qué te gratifica?
-El encuentro con el Polaco, las llamadas de Serrat y Sabina, el encuentro con Caetano Veloso, el reconocimiento permanente de Leopoldo Federico, la conecta artística y emotiva con mis músicos cada vez que estoy arriba de un escenario, la comprensión de la vida que tengo con mis músicos. Hay veces que uno tiene que recorrer el país en situaciones difíciles y no tenés muchas ganas de pensar diferente con quienes están con vos, porque hay mucha crispación.

-¿Te ha tocado hace poco estar en situaciones difíciles?
-Sí. En Santa Fe, la otra vez, la pasé bravo porque fue el momento del conflicto con el campo. Y, bueno, hay que cantar igual. Todo muy bien: se responde con mucho respeto y se sigue cantando, sin negar lo que sucede. Yo no me hago la sota.

Nota publicada en LOS ANDES ON-LINE
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