Varias veces me ha ocurrido que bailando con "algunas" mujeres de gran técnica, noto que esta experiencia y destreza, no las ayuda a bailar mejor, sino que las involuciona en un sentido sensible y comunicativo. No hecho culpas ni a la técnica, ni a la experiencia, ni a las mujeres, sino a las personas (sean damas o caballeros) que eligen utilizar estos conocimientos y progresos para Cosas que distancian lo sensible y no son buenas, ya que desconectan a la pareja. Pareciera algo contradictorio (y lo es!!!) pero piénsenlo así: Alguien baila bien, espera, siente, se comunica; pero luego aprende pasos complejos, adornos, detalles estéticos, etc.. que desequilibra su baile, e incluso cuando logran realizarlo a la perfección, ese juego crea una interferencia en la fluidez de movimiento.
Voy a tratar de dar dos ejemplos técnicos:
1) Hace unos años bailaba muy usualmente con una de las mejores bailarinas que mi abrazo ha sabido sentir. Pero un día haciendo un sencillo ocho empiezo a sentir temblores en el pecho de esta chica que claramente provenían de "algo extraño" que sus pies ejecutaban en esta caminata (*) Y como había mucha confianza por ser colegas, detuve el baile y le dije, - "Que es eso que se siente feo?". Entonces me dijo: -"Ah, es un adorno que aprendí...”y me mostró cómo en transcurso de la caminata de ocho de cada pie, antes del roce, ambos pies hacían cruces híper rápidos para luego volver a caminar. Le pedí entonces que por favor, nunca cambiara su baile! Que ya era hermoso o que al menos no lo hiciera conmigo.
2) Imaginen un hombre que cambie el peso lateralmente y en vez de hacerlo tiempo a tiempo, resuelve lograr 1 cambio de peso en 4 tiempos; representando con eso " 1 cambio de peso ", y NADA MAS… (Esto es algo que si se hace en tempo lento, es “muy” disfrutable, y la mujer puede sen-tirlo claramente como una delicia si se hace con la música adecuada). Bien, supongamos que esta dama, en vez de dejarse llevar y sentir la mu-sicalidad, piensa: "aaah!, tengo tiempo de hacer "adornos" con mis pies, porque él va lento, entonces intento cuanto adornos puedo meter!" Aquí deja de existir la conexión y la posibilidad de disfrutar un cambio de peso simple y musical. Por supuesto no todas las mujeres hacen esto, pero me he alarmado en los últimos años, al ver cómo crece esta situación. Les cuento una anécdota, para que entiendan mejor mi punto de vista.
Aterricé en una milonga desconocida, diferente pero linda, con gente piola y joven donde la mayoría de los bailarines eran principiantes. Es allí, donde uno que baila hace tiempo, si tiene dos dedos de frente, trata de ser sutil, pasar desapercibido, porque tarde o temprano, las chicas del lugar sabrán de nuestro baile. Para qué hacernos los cancheros?. Triste es la actitud del Rey Tuerto en tierra de ciegos. Bailé con algunas chicas. Con la 1era, una tanda entera, en la cual a partir del 3er tema ya nos entendíamos. Ella me confesó que tenía solo 2 clases, y me pidió que la perdone por sus errores. Le dije que no había nada que disculpar y agradecí su baile, que aunque dificultoso, disfrute genuinamente.
Entrada la noche llegan un par de bailarinas experimentadas, claramente, no eran habitué del lugar. Venían bien disfrazadas de bailarinas tangue-ras. Era uno de esos maravillosos lugares donde populan más las chatitas y zapatillas que los zapatos. La primer chica con la que baile viene a buscarme para bailar una 2da tanda (sí, ella me saca a mí), y por supuesto le dije que sí. Es interesante ver como esta chica, con solo 2 clases, se equivocaba muchísimo en la técnica pero sentía profundamente mi baile. Interpretar mi movimiento más lento a la perfección, y sentir mi respiración en todo cambio de peso. Su abrazo se adecuaba incluso a mi expresividad; y al finalizar el tema, su cuerpo seguía una comunicación hasta el último segundo.
Luego decidí bailar con una de estas “milongueras”. Una chica hermosa, jovencita, petitera, y vestida con todo cuidado para que la vieran a la legua (a diferencia de la chica anterior). Y hete aquí que el baile con este bombón fue un verdadero dolor de entrepierna. No por falta de técnica (debía bailar desde hace 2 o 3 años), o por no poder "entender" la sensibilidad!, ya que de a ratos mis movimientos lentos los seguía al unísono con perfecta comprensión y exactitud. Pero qué pasaba que no bailaba conmigo! Juro que esta mujer no sentía, ni la música, ni a mí, ni a mí música. Esta mujer pensaba y sentía con los pies, y no con el pecho, o el abrazo; no sentía ni entendía mis marcas como “mi baile”, o como algo que yo podría brindar de manera personal. Sólo empleaba todo lo que yo hiciera para desembocar en adornos!, y se aprovechaba de mi técnica para detener mi baile en cualquier momento, o direccionar mis pasos, de manera que ella pudiera inventar o meter sus firuletes cuando se le cantara, dándole igual si bailásemos "Danzarín" (*2) o "Quien se ha tomado todo el vino", haciéndome pensar que su idea de la música era tener un metrónomo encendido metido en la retaguardia. Tal fue mi indignación que en un momento reaccioné -muy contrario a mis costumbres-, cortándole sus adornos y toda acción, haciéndole silencios constantes para calmarla y encaminarla a mi tiempo. Mientras trataba de “domar” a esta Bruce Lee del Tango; pude imaginarme que hace tiempo, antes de tanto baile y clases, había llegado a bailar muy bien y seguro hubo una época en donde no se la pasaba haciendo del baile una lucha. Ciertas técnicas se desarrollan mediante la sensibilidad, pero si luego se usan para hacer pavadas, pierden toda su esencia y terminan estando al servicio del circo.
No pude más que hacer una comparación: la principiante con 2 clases sentía profundamente mi baile, y aunque se equivocase, podía sentir en su cuerpo mi pisada, mis movimientos y compartirlos para que fuéramos “dos” los que bailáramos. Y la bailarina experimentada, que lo único que quería era un tipo que supiera mucho para sostenerla, y que le acompañara marcando de manera exacta todas las giladas que ella quisiera. Importándole un Pepino, dos rábanos o una barrita de Cereal, que mis pisadas buscaran un silencio preparando el próximo paso. No!, la señorita entendía el silencio como: ¡AHORA ME TOCA A MI!, y ahí meter cuanta pavada haya aprendido. Y esto no es todo, porque al terminar el baile, y muy a mi pesar, me di cuenta que ella había disfrutado realmente, pero en mi opinión no conmigo ni con mi baile; sino con mi técnica, y créanme que yo no soy eso, soy mucho más que llevar, sostener, marcar, impulsar, tensionar, rebotar, girar o pivotear. Yo sobre todo, soy respirar, trasladar un peso muy lento, contener, crear un silencio sutil y suave, que mantiene un movimiento escondido y constante. Soy una pisada fuerte o suave en el momento preciso, el cambio de ritmo, la calma después de la tormenta. Y ella tiró al tacho todo lo que yo era; como seguramente tirará al tacho toda el alma de cada hombre con el que baile. Por eso, saludo con admiración a las principiantes que no han perdido ese sentir, que deviene de la intuición de sentir a la pareja. Y mucho más a las “Milongueras” que conservan la sensibilidad como el elemento “esencial” del baile (#). Algo para pensar: Cuando no se tiene técnica, lo único que se tiene es sentir al otro. Esto es lo más natural que hay, abrazarnos y movernos.
Quien no sabe otra cosa que abrazar, moverse y caminar, prestará toda atención al movimiento del cuerpo de la pareja sin pensar en pasos y adornos. Y esta debiera ser una importantísima lección que nunca se debería perder. Concentrar toda nuestra atención en el cuerpo del otro. La técnica, debe servir para mejorar todo lo demás, pero NUNCA para interrumpir, entorpecer o cortar la comunicación. Bailen esperando “sentir” sin pensar. Y “todos” busquemos el movimiento “compartido”, y no “sometido”. Brindemos sensibilidad, suavidad y sutileza, buscando “confluencia” y a lo mejor, lograremos demostrar que no necesitamos del Show de Tinelli en la milonga. (*3)
(*) El ocho es una caminata.
(*2) Que era lo que bailábamos en ese momento… (Imaginensé desperdiciar un "Danzarín"!!!).
(*3) Ni en ningún aspecto de nuestras vidas.
Manuel Gonzalez - www.elamague.blogspot.com
Nota publicada en PUNTO TANGO Nº 63 - Enero 2012. |