Hace un año y medio que no sube a un escenario. Puso toda su energía en preparar un disco y DVD que retratan un recital con sabor a 2 x 4. Hoy acaba de editar el álbum y espera completar el proyecto antes de noviembre.
El 8 de marzo de 2007, Celeste dio un show que resultó ser el último por mucho tiempo. Desde entonces que no canta en vivo, ni siquiera de manera sorpresiva. “No tuve necesidad de hacer algo improvisado –aclara– porque no me gusta. Yo soy una tipa súper organizada, y si hago un show tiene que estar todo bien.” Tampoco acusa síndrome de abstinencia (“¡En absoluto, todo lo contrario: estoy súper tranquila”) y desmiente haberse dedicado al ocio: “Esa palabra no existe en mi vida: me levanto a las 7 de la mañana y no paro hasta las 10 de la noche.” Solamente admite hacerse un horario casi fijo, de dos a tres de la tarde, para leer, y así es como acabó con las 700 páginas de Bomarzo.
¿Qué hizo, entonces, en todo este tiempo? Ni más ni menos que dedicarse a dar forma con mucho esfuerzo y dedicación a un disco grabado en vivo en junio de 2006, con un repertorio de tangos tradicionales, tangos propios y canciones con arreglos de tango, incluyendo un omnipresente bandoneón. El resultado es Celos, un álbum exquisito donde canta de manera impecable y emotiva, acompañada por un grupo que delata una formación rockera y jazzera.
–No quiere decir que vas a dedicarte sólo a este repertorio.
–No, no soy tan estructurada, y tampoco a nivel música. Aparte, tengo un repertorio amplio y me gusta tocarlo. También incluyo lo que me piden los músicos, porque a veces ellos se enamoran de tal o cual tema. Con este espectáculo que se grabó en este disco tuvo que ver el pianista de mi banda, un jazzero al que le encanta el folklore, pero que hace unos años decidió dedicarse exclusivamente al tango.
–¿Por qué decidiste grabarlo?
–Fue un ciclo de un mes que tuvo cinco jueves en lugar de cuatro. Y mirá cómo el cosmos está confabulado con este disco mágico que hicimos el primer show y fue muy bueno. Al segundo ya estábamos tan acomodados que la gente venía al camarín a saludar con mucha emoción. Lo mismo con el tercero, ¡hasta mis peores amigas venían temblando a felicitarme! Y el cuarto fue el summum… así que dije: “¡Wow, esto es algo serio!”, e inmediatamente armé en cuatro días todo un equipo de producción para grabar el sonido en forma digital y filmar todo con cuatro cámaras. Se convirtió en un proyecto increíble.
–Ni vos ni la banda suenan forzados haciendo tango. Les sale naturalmente.
–Sentí una comodidad extrema y descubrí un juego nuevo. Ya venía cantando tango desde el 2000, pero este formato de banda me permitía más comodidad y posibilidades musicales. En realidad, es todo un proyecto que tiene mucho tiempo de maduración y que no surge espontáneamente en diez minutos. Todo el sistema de trabajo fue completamente diferente a lo que hice siempre, y después de 20 años de grabar discos aprendí a disfrutarlo. ¿Sabés lo que pasó con todos los otros? Los tuve que sufrir primero en dos meses en el estudio y luego las mezclas. ¡Todo eso te termina quemando la cabeza! En cambio, ahora iba recibiendo una mezcla cada dos o tres meses y yo sólo le hacía un par de observaciones a la ingeniera de grabación ¡por mensaje de texto!
Aunque Celos acaba de editarse, el DVD quedará para fines de octubre y los primeros recitales para noviembre. “Paré un poco por reacomodamiento habitacional y profesional. Por un lado, se terminó el contrato de la casa que tenía en San Telmo, pero por otra parte me jugué a aguantar y centrar toda mi energía en armar bien este proyecto, para que cuando saliera fuera perfecto. Aguanté a full y aparte disfruté de la vida, porque necesitaba un tiempo de vida tranquila. Ni tenía ansiedad, aunque todo el mundo me apuraba.
–Como si hubieras dicho: “Me merezco esta calma y descanso”.
–¡Y cómo me lo merezco! Fueron años de no parar nunca. ¡Nunca paré! Ésta es la primera vez que paro así. Los fans que entraban en la página web pensaban que me había mudado a Alaska o que me habían llevado los extraterrestres, en serio, porque la página también enmudeció.
–Lo insólito es que siempre tuviste el tango en tu ADN...
–Sí. En toda mi infancia y adolescencia escuché y canté tango con mis hermanos, pero como autora es algo que jamás se me había cruzado por la cabeza, porque era un terreno prohibido. Para mí era un prejuicio generacional, hasta que apareció Melingo en el 2000 para empujarme a componer un tango. Está bueno que existan corrientes culturales divergentes y en circulación, para que se encuentren y se modifiquen. ¡Así se creó el tango, en una de esas corrientes migratorias! Son cosas que fueron sucediendo, no es una cosa lineal. Yo no tuve ningún plan: sucedió. Si vos querés hacer reír a Dios, ¡contale tu plan!
Nota publicada en CRITICA DIGITAL
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