¿Cómo comenzó tu relación con el tango?
Daniel Nacucchio: Empecé a ir a aprender a bailar a los 16/17 años, pero de más chico, como en muchas casas, en la mía se escucha tango. En fiestas, cumpleaños, te agarraba una tía y bailabas… o creías que bailabas. Después cuando fui más grande me dí cuenta que no bailaba.
¿Había alguien en especial en tu familia que bailaba?
D: La hermana de mi abuela, pero yo me enteré de grande. Un día me dicen mirá que la hermana de la abuela baila, la agarré y bailaba nomás; pero nunca la había visto y no fue por eso que empecé.
¿Y por que fue?
D: Me gustaba la música, era pianista, tocaba música clásica. Tenía algún amigo que le gustaba el tango, encontré un centro cultural en donde había tango y me anoté con un grupo de amigos. Tal vez yo me enganché un poco más que los demás, tenía una cierta facilidad y me gustaba practicar. Era un hobby, ni pensaba trabajar de eso. Mi vida estaba volcada al piano y a trabajar de otras cosas que me dieran para vivir, trabajo desde que tengo catorce años.
¿Qué te decían en tu casa?
D: Al principio me decían: “que bien, Daniel baila tango” y después: “atorrante, volvé a casa”, porque todas las noches me iba a la milonga.
¿A cuál?
D: A Sin Rumbo, porque era cerca de mi casa, a la vuelta vivía mi novia Miriam y también Alberto Villarrazo que fue el milonguero que me apadrinó, me llevo por todas las milongas y me enseño un montón. Me hacía sentar con él y para mí era re-importante porque era alguien a quien querían todos, lo conocían todos, le había enseñado a un montón de gente. Yo tendría 18 años y mi novia me llevaba casi 10. Era muy bonita, bailaba muy bien y era vecina de Alberto.
¿Cómo empezaste a dictar clases?
D: No lo busqué, se fue dando. Mi compañera bailaba muy bien y al principio me tenía sonando; pero yo me esforzaba mucho y andaba bastante bien. Un día hice un reemplazo de mi profesor (Facundo Gil) que después se fue, y me quedé con mi profesora dando clases. Así empezó todo.
¿Cómo eras como alumno?
D: Si no tenés orgullo es fácil aprender. Las primeras clases que fui, no estaba el profesor, solo la profesora y me puse a hacer pasos como todos los demás. No entendía que estaba haciendo. Y me lo hicieron pagar con sudor y lágrimas, luego me tuvieron meses y meses caminando una hora y media y bailando quince minutos. Pero me sirvió, me dió una base muy sólida.
¿Te gusta dar clases?
D: A mí me gusta ayudar a la gente. Cuando hay alguien que sabe un poco más y puede ayudar a los otros, eso me gusta. Yo era profesor de piano para chicos. No era mucho lo que ganaba pero lo hacía por vocación.
¿Cómo empezó a ser una actividad más profesional?
D: Se fue dando de a poquito. Ahorrando me compré el primer traje. Después para un cumpleaños me regalaron los zapatos. Empecé a dar exhibiciones, algún show y el clic fue cuando me viaje a Japón.
¿Cómo fue eso?
D: Tenía una alumna japonesa de clases privadas que tenía muchos amigos japoneses a quienes les dictábamos clases. Un día me dice que se tiene que volver a Japón y que necesitaba un compañero por dos o tres meses, y si quería ir con ella. Yo tenía veinte años y pensé: ¿qué posibilidades tengo yo de ir a conocer Japón?, vamos, y me fuí. Fue el gran salto.
¿Quién te influyó en esa etapa?
D: Conocí a Gabriel Missé, me hice amigo, fue el primero que me enseñó a moverme como un profesional. Con mucha energía, velocidad de piernas, destreza y ahí empecé a verme como un bailarín y no como un chico que va a la milonga.
¿Nombrame un referente?
D: Carlitos Perez hasta el día de hoy, en el momento de duda siempre tiene el consejo justo. Es como un padre para la mayoría de los chicos jóvenes.
¿Cómo fue la experiencia en Japón?
D: Extraña. Había mucha gente que escuchaba tango desde chica, y que hoy estaría cerca de los noventa años. Había escuchado mucho tango en la época de la guerra, que les llegaba a través de Alemania. Usaban una vitrola con púa de bambú porque no tenías la original. Fui a ver un show de tango y de 300 personas, en donde conocía a 150 que eran las que bailaban tango. La otra mitad no bailaba, solo lo escuchaban y eran entendidos.
¿Qué tiene el tango que les gusta tanto?
D: El abrazo gusta en todo el mundo, pero sobre todo a ellos por ser una sociedad con poco contacto físico. Y el bandoneón, con su vibrato. La música de ellos tiene una letra muy similar a la del tango en la tristeza y la melancolía.
¿Te estableciste allá?
D: Fuí y vine varias veces. Quería hacer una carrera como profesor y me estaba yendo muy bien. Pero empecé a extrañar, estaba un poco más grande. Miraba el mundial de tango por video y sentía que yo también podía estar ahí. Había obtenido la experiencia que quería como profesor pero en Buenos Aires se habían olvidado de mí. Me dí cuenta que quería volver; a pesar de que acá es una plaza más difícil. Por un lado te pagan menos y por otro están todos, los mejores. Es meterse en la boca del lobo.
¿Y como empezó tu relación con el tango?
CRISTINA SOSA: Bailaba clásico desde los 9 años pero a los 18 empecé la facultad (psicología) y dejé de lado el baile. Pero extrañaba moverme un poco. Empecé como hobby en la municipalidad de Monte Grande con clases de tango escenario con Mario Morales, que ahora es mi novio.
¿Qué te atrajo más de este baile?
C: Me atrajo el tema de bailar en pareja.
¿Cómo empezaste a trabajar en este medio?
C: Surgían trabajos, presentaciones y me fui metiendo en tema. Nunca me había imaginado trabajar de algo que me gustara tanto como el baile. Con el tiempo, con el grupo de las clases, comenzamos a dictar clases nosotros; a mí me toco darle clases a los más chicos; siempre tango escenario. En esa época trabajaba en un montón de cosas entre las cuales estaba dictar clases de tango. Bailaba en todos los lugares donde podía, pero no tenía una pareja fija.
¿Cómo se conocieron?
C: Lo conocí por medio de un amigo. Después él se vino a capital y no lo ví por un tiempo. A mí me gustaba bailar tango escenario y mi proyecto era conseguir un compañero para armar un camino en ese sentido. Después, con Daniel, nos encontramos para trabajar en un Complejo de tango por un tiempo, pero era solo eso. Nos respetábamos pero pensábamos totalmente diferente.
En varias notas, apenas ganaron el campeonato, decían: ¨Aún no caímos¨. Ya pasó un año, ¿en qué cayeron?
C: En realidad no caíamos por eso que te contábamos, teníamos diferentes proyectos. Todo comenzó como un chiste. Realmente me sorprendió muchísimo haber ganado no por nosotros como bailarines, sino por nosotros como equipo de baile.
D: Fue raro y mágico a la vez.
¿Cómo empezó todo?
D: A mí me empezaron a cargar. Me decían porque no me presentaba si era tan bueno. Y yo para molestarla a ella, porque sabía que me iba a decir que no, le decía que nos anotemos juntos.
C: Le dije que no durante semanas. Yo sentía como algo muy lejano el tango salón.
D: Hasta que un día dijo: bueno, dale. Yo me agarré la cabeza y dije: Bueno, vamos a practicar. ¿Le gusta verse en los videos?
C: Con gente no, pero sola sí.
D: El video es muy cruel. Te baja el orgullo en un segundo. En el principio ¿se tenían fé?
D: Yo le tenía mucha confianza a pesar que no tenía casi experiencia en tango salón, pero yo sí. Y creo que un punto importante fue que no me puse a enseñarle. Nos pusimos a la par y practicamos muy fuerte, de lunes a lunes hasta que salió.
¿Cómo fueron las primeras veces que se juntaron, ya con la meta de de participar?.
C: Recuerdo la sensación de: ¿Qué estoy haciendo acá?.
D: Aburridísimo… caminar.
C: Yo encima estaba acostumbrada a otra cosa, mis ensayos eran más movidos, más fuertes. Sumado a la incertidumbre de que al tener que improvisar no hacíamos repeticiones, como yo estaba acostumbrada.
Hablábamos muchísimo, no nos conocíamos, ver que queríamos hacer juntos. Cambiamos el abrazo un millón de veces, hasta encontrar uno que sea cómodo, que se vea bien y que nos permitiera hacer todo lo que deseábamos hacer. ¿Cómo se fue armando todo?
D: Bailamos muchos y se fue armando de a poquito todo. Pedimos ayuda. Fuimos a ver a Carlitos Perez, a mis amigos profesionales y todos nos ayudaron.
C: También hay un tema de egos, no es tan fácil aceptar que algo que sentís bien, te digan que se ve mal. Creo que hay que lograr un equilibrio. No hacer todo los que te digan sin dejar de tener la humildad de entender que es lo que realmente está mal. Además era una competencia!, muy diferente de ir a bailar a una milonga. Nos tuvimos que informar. Había mucho para pensar y hablar y yo quería bailar.
D: Yo igual siempre le hacía chistes, le decía: Con este paso, vamos a ganar - y ella me pegaba codazos y me decía que me callara. Cuándo ganaron, en ese instante, ¿Qué pensaron?
C: Yo me acuerdo muchísimo de todas las veces que ganamos. Tengo la sensación de no entender bien que pasaba. Ruido, gente gritando, aplaudiendo.
D: Además porque tuvimos una situación muy especial ese día. ¿Qué pasó?
D: Fue en el metropolitano. Yo tengo una forma un poco japonesa, en lo que se refiere a respetar horarios, promesas trabajos y demás. Y antes de empezar el metropolitano yo me había comprometido para la fecha de la final que era un domingo, y quería cumplir con ese compromiso.
C: Ahí empezaban nuestras diferencias que no solo eran en el baile sino en la forma de pensar algunas cosas. Como un mes antes, yo le pedí que arreglara con esta gente para que les enviemos un reemplazo, una pareja realmente muy buena. El me dijo que sí, pero un par de días antes me dice: me olvide de decirte que me dijeron que no, que tenemos que ir nosotros. ¿Cómo que tenemos que ir? - dije yo.
D: Yo había hablado pero me dijeron que era diferente si no íbamos nosotros, que ya estaba hecha la publicidad. Además era un amigo. En resumidas cuentas yo quería ir y ella no. Le propongo que bailemos en el metropolitano y nos vayamos rápido para el trabajo. Y ella me dijo que no.
Bueno vamos bailamos, no me quedo para las notas y yo me voy rápido con otra chica a hacer el trabajo. Y me contestó: No, y no quiero bailar más con vos tampoco. Todo esto, ¿un día antes de la final?
D: Sí!!!, el sábado a la noche y al otro día a la 18 hs. estaba la final!!!!.
C: Es que con todo los que nos habíamos preparado, durante tanto tiempo, súper ilusionados, no entendía el porque. Íbamos a faltar a un compromiso no porque sí, estábamos en la final!!. Me parecía súper injusto!!.
D: Fue un sábado fatal. Me había quedado sin el metropolitano, sin el trabajo y sin compañera. No dormimos nada, terminamos llorando los dos, un desastre. Al final me llamó y me dijo: ¿Querés practicar?, Bueno - dije yo. Y ¿Qué pasó?
C: Nos juntamos a ensayar y salió bastante bien. El domingo tuve que llamar al del trabajo y le dije: me quedé sin compañera, te tengo que mandar un reemplazo sí o sí. Sin más remedio ni opción, me entendió.
Nos volvimos a juntar el domingo un rato antes de la competencia, pasamos cinco tangos y nos salió uno peor que el otro. Me voy a dormir dije. Estábamos mal descansados, sin desayunar. Me acuerdo que tome una cerveza, comí unos sándwiches de miga y salí a bailar. Igual ya no me importaba nada, estaba bien con ella, estaba acá y había armado un viaje a Japón para dentro de unos días.
¿Cómo fue el momento de la premiación?
D: Estábamos ahí parados y empiezan a dar los premios de milonga: 9º puesto, 8º, 7º, 5º, 6º y me daba cuenta que no nos nombraban. Llegó el 2º puesto y pensé: que no me nombren!.
Sabía que habíamos bailado bien y nos tenía fé, entonces cuando están por nombrar al 1º puesto la abrazo, le doy un beso y le digo en el oído: “Para vos Cristina”. Y en ese momento nos nombran.
Imaginate, hubo saltos, risas, nos felicitaron nos dieron un diploma, una copa y nos pusieron a un costado para dar los otros premios. Los de tango senior y los de tango salón.
¿Ustedes había bailado para milonga y tango salón?
C: Claro. Pero ya estábamos hechos. Nosotros estábamos contentos, festejando, nos sacaban fotos. Realmente estábamos distraídos, por lo menos yo cuando empezó la entrega de premios.
D: Yo también, pero cuando escuché el 6º, 5º premio y no nos nombraban. Pensé: nosotros no bailamos mal.
Otra vez empecé a pedir que no nos nombren hasta que llegaron al primer premio. Entonces pensé, si funcionó una vez puede volver a pasar. Entonces cuando están por nombrar el 1º puesto, la abrazo, le doy un beso y le digo en el oído: “Para vos Cristina”. Y en ese momento nos nombran. Estábamos desbordados de felicidad. Fue muy realmente hermoso. ¿Y cómo fue después de esto lo del mundial?
D: Por ganar el metropolitano, automáticamente pasamos a la final, representando a Buenos Aires. Tampoco lo teníamos planeado y yo seguía corriendo el viaje a Japón.
C: Tuvimos un par de días en los que no sabíamos si nos presentábamos. Bailamos un poquito, pero recién la semana del mundial nos pusimos a practicar fuerte. Queríamos dar el 100%. ¿Qué expectativas tenían?
D: Yo quería salir primero o directamente no figurar entre los primeros diez. No me gustaba la idea de salir campeones del metropolitano y en el mundial salir 6º.
Se presentaron y bailaron. ¿Cómo fue el momento de la premiación en el mundial?
D: Comenzó la lectura de los premios y entonces volví con mi con mi famoso “que no me nombren”. Llegó el 2º puesto y no nos nombraban. Estaba satisfecho porque o salíamos primeros o no figurábamos como yo quería. Como se imaginarán me dije: si funcionó dos veces puede funcionar tres. Entonces la abracé, le dí un beso y le dije en el oído: “Para vos Cristina”; y ella me pegaba para que me calle.
C: Fue re-gracioso. Me empieza a decir eso en el momento que justo nombran a los ganadores y no logré escuchar bien quienes son. Lo veía a él saltando y yo pensaba: ¿Seremos nosotros?.
Me imaginaba a nosotros dos saltando y gritando y alguien diciéndonos que no éramos nosotros los ganadores, que habíamos oído mal y además ni siquiera estábamos entre los diez primeros!!. Pero sí éramos nosotros. Y a todo esto. ¿Y el viaje?
D: En ese momento ya hacía un montón que me tendría que haber ido, y tendría que seguir posponiéndolo. Al final lo hice mucho más adelante y fue totalmente distinto a lo planificado en un principio.
C: Por eso decíamos que no caíamos cuando nos preguntaban como nos sentíamos. Pensá que al final habíamos ganado 3 títulos, algo que nunca se había hecho. ¿Y después?
D: Un día voy y le digo: mirá tenemos el dinero del metropolitano y el del mundial. Hay un campeonato similar en Japón. Yo hablo japonés, conozco Japón, ¿porqué no vamos?.
Nos pagamos el pasaje nosotros y nos fuimos. Dimos un par de clases allá y participamos de este campeonato internacional y ganamos!. Era con gente de todo el mundo, incluso argentina y había muy buen nivel, no era algo así nomás. Terminamos obteniendo 4 títulos en un mismo año, muchas emociones juntas.
Y con 4 títulos, ¿Pensaron que hubiese pasado si no se presentaban en aquella final?
D: Pensé: qué suerte que tuve!. Por los premios y por encontrar una persona que confía y cree en un proyecto juntos.
C: Yo pienso en eso todo el tiempo. Podría no haber pasado nada de todo lo que pasó. Si bien de entrada no dijimos: OH, que bien planifiquemos!.
Todo el tiempo tuvimos ganas de hacerlo, a pesar que pensábamos diametralmente distinto de casi todo. Pero seguimos, tratamos de entendernos y nos presentamos. Fuimos paso a paso y por supuesto tuvimos nuestra cuota de suerte. Tanto él como yo hemos bailado mucho, trabajado mucho y no siempre cuando uno se esfuerza recibe lo que se merece. ¿En donde vés el tema de la suerte?
C: Viendo el metropolitano 2009, desde afuera, uno piensa en el esfuerzo de todos, y ves que muchos se merecen ganar. El sacrificio como bailarín, como artista, como tanguero. Mucha gente la sufre igual que nosotros y no todos ganan. Nosotros trabajamos muchísimo, pero no siempre alcanza. Ahí es donde veo la cuota de suerte. Una decisión desencadena una sucesión de hechos.
D: También lo raro es que no éramos una pareja de tango salón de toda la vida, yo sabía, pero ella venía del tango escenario. Y ahí es donde creo que hay un mérito extra. Las primeras veces no nos entendíamos bailando, y lo superamos en muy pocos meses. Ella pasó de ser bailarina de escenario a ser una muy buena bailarina de salón. Lo que más le debe haber sorprendido a los conocidos de ella es que haya ganado en tango salón y no en tango escenario que era lo que venía haciendo desde hace tiempo.
C: Además había muchas parejas que bailaban desde hacía mucho tiempo juntos tango salón. Me cuestioné el título un tiempo, soy muy crítica, y me costó un poquito aceptar que lo merecíamos. Pero viéndolo más tranquila, me gustó lo que se vió de los dos como pareja. Nos encontramos y se notó.
¿Qué les aportó haber ganado?
C: Un compañero de baile con proyectos en común. Si bien los dos trabajamos de esto, uno siempre está en la cuerda floja. Si no funciona, se busca otro trabajo y listo. Ahora nos veo como más sólidos. Yo no me había imaginado trabajar bailando.
D: Hace que te miren más. Te posiciona más, es un respaldo. Te infla el currículum y hay un reconocimiento.
¿Los llaman más por trabajo?
C: Sí, nos llaman más, pero nosotros nos movemos mucho para que eso suceda. Se aceleró la vida a nivel profesional.
D: Si no hubiéramos ganado y no nos moviéramos tanto, hubiese bajado mucho el trabajo y tal vez nos hubiésemos separado. El tema económico es importante también.
C: También está la idea que “ganaron y al otro día los teléfonos no pararon de sonar”. Por lo menos a nosotros no nos pasó.
D: Llegás a la milonga y te dicen: son $20, y vos le explicás: soy el campeón mundial; y te contestan: Qué bien!, son $20.
¿Qué proyectos tiene?
D: Vamos a hacer una presentación en este mundial. No nos vamos a presentar, creo que no se puede y me parece bien. De alguna manera resguarda el espíritu popular.
C: Estamos planificando a ver si podemos viajar.
D: Y ver si podemos retomar lo que estábamos haciendo antes del tema de los campeonatos. Ahora a ella le gusta el tango salón, queremos explotarlo y mejorarlo, combinando lo que sabemos, sumándole la técnica visual del tango escenario. Movernos más.
C: Cuando vamos afuera nos piden varios temas, un poco más de show. Y estamos trabajando en eso.
¿Que aprendieron uno del otro?
D: La famosa noche del metropolitano ella me dijo algo: “vos tenés que hacer lo que querés hacer”.
Parece algo obvio, pero no tanto. Esta muy bien respetar el trabajo pero también hacer lo que uno quiere.
C: Yo aprendí a trabajar de a dos, cosa que creí que ya sabía, pero no. Escuchar no es tan fácil pero es imprescindible. Y muchas veces hay que resignar cosas tuyas para el bien común, abrir la cabeza. Por suerte creo que ahora hemos logrado unificar.
D: Además teníamos muy claro que después de ganar hay que seguir trabajando. Como bailarines y como personas, para que un equipo funcione hay que domar los egos, agarrarse fuerte y seguir para adelante. Hablar todo y no creerte que sos la única Coca-Cola en el desierto.
CRISTINA SOSA y DANIEL NACUCCHIO - Link: www.cristinaydanieltango.com
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