“Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.” de “Volver” por Carlos Gardel y Alfredo Le Pera.
El Último Aplauso cuenta la emotiva historia de un grupo de veteranos tangueros que solían cantar
en el famoso Bar El Chino, en Pompeya. Unas pocas semanas después de la misteriosa muerte del
dueño, El Chino, en el 2001, ese lugar, que había sido una isla de alegría, yacía en ruinas.
El Último Aplauso acompaña la vida de esos cantantes de tango desde 1999 hasta hoy, mostrando su
lucha para sobrevivir durante una de las épocas de mayor crisis de la historia argentina y su desesperado
sueño de volver a cantar y recibir así, quizá por última vez en sus vidas, el caluroso aplauso del público.
La historia:
Durante muchos años hubo en Pompeya un bar muy especial llamado “El Bar El Chino”. El bar llevaba
el nombre de su dueño quién en realidad de chino no tenía nada. Se llamaba Jorge García y era hijo de
españoles que habían inmigrado a la Argentina.
El Chino era un hombre muy especial, para quien lo único que importaba en su vida, además de su hijo,
era reunirse con sus amigos a cantar tango. Y eso era lo que hizo todos los viernes durante más de 30
años. Acompañados sólo por una guitarra y no poco vino, amigos y vecinos se reunían todos los viernes
a cantar tango en su bar.
En los últimos años sin embargo, el Bar del Chino se había vuelto tan famoso, que era necesario reservar
mesa con anticipación, para poder encontrar, al menos, un lugar apretado en una esquina del salón.
El secreto del éxito eran sin dudas la autenticidad de los cantantes, quienes cantaban junto al público
y sin micrófono, provocando la sensación de estar “entre amigos” que era el sello que tenía el bar.
El 21 de agosto del 2001, unos meses después de la muerte de su único hijo, El Chino murió sorpresivamente.
Ese mismo día, su Bar comenzó a morir también: mala administración y peleas internas entre los
nuevos dueños y los cantores alejaron al público hasta que unas pocas semanas más tarde, el bar quedó
vacío. A partir de entonces, los cantantes, algunos de los cuales habían cantado en el bar durante casi
treinta años, dejaron de ir, sin tener otro lugar donde poder cantar.
La historia de la
realización del film:
EL ÚLTIMO APLAUSO comenzó para mí durante el siglo pasado. A fines de 1999 mientras preparaba mi
viaje a Buenos Aires, la ciudad en la que nací y crecí, la directora alemana Doris Dörrie, que fue profesora mía
en la Escuela de Cine de Munich y que había visitado hacía poco Argentina, me dijo: “Germán, en Buenos
Aires tenés que ir a un bar muy especial y hacer una película sobre él“. Se trataba de un bar realmente especial,
llamado “Bar El Chino“, en un típico barrio de Buenos Aries adonde jamás había ido, Pompeya.
Desde el primer momento en que entré al Bar El Chino, el ambiente y su gente me fascinaron. El modo directo
y sin pretensiones de cantar tango, el carisma de su dueño, El Chino, con su voz de porteño de pura cepa,
la cercanía entre el público y los cantores, los cuadros y las fotos colgadas en la pared sin que a primera vista
hubiese ningún otro sentido estético, que el más absoluto azar. El Bar El Chino conquistó mi corazón desde
el primer encuentro. Y como lo que más me gusta en el mundo es hacer películas, mi primer impulso fue
comenzar a filmar. Aquél verano de fin de siglo filmé y filmé, visitando a los cantantes en sus casas y en el
bar, preguntándoles acerca de sus vidas y de su amor por el canto y especialmente por el tango.
Mi idea era volver cuanto antes a Buenos Aires y terminar de filmar un documental sobre el bar. Pero cuando
volví en agosto del 2001, ya todo había cambiado. El Chino estaba enfermo e internado en un hospital,
su único hijo había muerto hacía pocos meses y una densa atmósfera de tristeza y crisis flotaba por toda la
ciudad. Durante algunos fríos días de agosto del 2001 filmamos con los cantantes en sus casas y en el bar.
Poco después me fui de Buenos Aires con una extraña sensación y algunas semanas más tarde, de vuelta
en Alemania, me enteré que El Chino había muerto.
Recién pude volver a filmar a Buenos Aires en noviembre del 2003. Sin embargo todo había cambiado completamente
para entonces. Los nuevos dueños, Delfina, la viuda del Chino, y su nuevo socio, habían tomado
la dirección del bar. A partir de aquél momento, varios de los cantantes más destacados y queridos por el
público se habían peleado con los nuevos dueños y dejado de ir. Ésto en sí hubiese sido quizá triste, pero no
trágico. La tragedia de esta nueva situación consistía en que algunos de esos cantantes habían trabajado
durante más de 26 años en el bar y no sólo habían perdido una importante fuente de ingresos, sino que
además no tenían ahora ningún lugar dónde poder cantar.
En el 2006 y gracias al interés y la colaboración de la productora Happinet Corporation de Tokio, el instituto
de cine de la Argentina (INCAA) y los institutos de cine alemanes “FFF Bayern” y “FFA” pude volver
a Buenos Aires a terminar de filmar la película . Creo que mi motivo más íntimo fue tratar de fijar en una
película, la vida, las historias y las voces de esos cantantes tan especiales, antes de que el tiempo y el
desinterés las borrasen, quizá para siempre Fue entonces cuando descubrí a los jóvenes músicos de la Orquesta Típica Imperial, a quienes les fascinó
el proyecto y comenzaron a trabajar con alegría y entusiasmo junto a los cantantes del Chino. También tuve
la gran suerte de que el conocido músico y compositor argentino Luis Borda, se sume al proyecto como
productor musical. Fue así que Cristina, Julio e Inés tuvieron la posibilidad de cantar nuevamente sus tangos
más queridos y recibir una vez más el tan deaseado aplauso del público.
La filmación con los cantantes y los músicos de la Orquesta Típica Imperial fue uno de los momentos de
más alegría de todo el rodaje. Los cantantes disfrutaban verdaderamente de poder cantar con una orquesta
con la formación de las orquestas de tango tradicionales, y para los jóvenes músicos era una experiencia
nueva y fascinante, poder tocar con cantantes con tantos años de experiencia.
Hacer películas es una profesión realmente dura: las dificultades para conseguir financiación, la incertidumbre
sobre si una idea va a poder transformarse en una película que interese a la gente, o si todo el esfuerzo
de tantas personas va a acabar quizá en la oscuridad de un cajón de escritorio, sin poder ver jamás la luz
del proyector... Muchas veces durante todos los años que duró la realización de esta película, en la soledad
de la noche, me he preguntado si acaso tiene sentido este camino que he elegido, y que es a veces tan difícil
de recorrer.
Para mí, hace ya casi 20 años que vivo en Alemania, volver a encontrarme con la música de Buenos Aires,
esa música que llevo tan dentro mío como mi lengua materna, fue una inmensa alegría. Pero poder además
ser testigo directo de la alegría de nuestros cantantes al volver a hacer aquello que más les gusta en la vida,
aquello que les da fuerzas para seguir cada día a pesar de tantas dificultades, y que no es otra cosa que
simplemente cantar, eso sí que fue una de las experiencias más valiosas de mi vida. Uno de esos momentos
en los que uno piensa, que no hay en el mundo una profesión mejor que la de hacer películas y poder
fijar en el tiempo, aquello que de otro modo, se perdería para siempre.
Germán Kral
Elenco:
Los cantantes:
Cristina de los Ángeles canta desde que era niña. Grabó algunos discos, vivió
muchos años en Nueva York y algunos en Perú, pero nunca encontró ni verdadera
fama, ni un amor duradero. Todas las noches, en el Bar el Chino, Cristina
abría el show con las mismas palabras: “¡Si me aplauden, pierdo la timidez!”
Y luego de un caluroso aplauso del público comenzaba a cantar algunos de
nuestros tangos más bellos como “Garganta con arena”, “Mi ciudad y mi
gente”, “Malena”, “Los mareados”, “Qué buena fe”, etc. Cristina siempre
cuenta que para ella, el Bar El Chino era “su casa”.
Inés Arce canta desde los cinco años. A los ocho años ya cantaba en la radio
y llegó a formar parte del coro de niños del Colón. Cuando se casó con Pepe
dejó de cantar y recién retomó el canto a los 48 años. En el Bar El Chino, donde
cantó todos los fines de semana durante 28 años, la llamaban, por su voz tan
especial, “La Calandria”. Inés nunca llegó a ser famosa, pero sí muy querida.
Cada vez que ella terminaba de cantar, el bar explotaba en aplausos.
Y hasta José Sacristán la convocó para que cantase durante una lectura
de poemas que él hizo en Buenos Aires.
Julio César Fernán era uno de los jóvenes más prometedores de los años ’70.
Comenzó cantando Folklore y debido a su voz privilegiada, Silvio Soldán lo invitó
a cantar a “Grandes Valores del Tango” y hasta llegó a cantar con Troilo en Mar del
Plata. Pero por esas cosas de la vida nunca llegó a ser famoso. Julio vivió los últimos
23 años con su madre, a quien nunca dejaba sola. El Bar El Chino era para él,
un lugar adonde terminar las noches entre amigos y tangos.
Horacio Acosta era hijo de una familia de guitarristas que habían tocado con
los cantantes más importantes de la época de oro del tango. Horacio comenzó
a cantar a los cuatro años y no paró jamás. Cantó toda su vida en teatros y
cabarets. Tuvo su momento más emocionante cuando cantó en el Luna Park
y la gente se puso de pié para aplaudirlo. Horacio vivía bien con su familia hasta
que su mujer murió. Él nunca pudo recuperarse del golpe y lentamente lo fue
perdiendo todo. Sin poder pagar la hipoteca de su casa, vivió sus últimos años
en una habitación de material construida en lo que eran los fondos de su casa,
que también tuvo que vender. Horacio cantó más de 20 años en el Bar El Chino.
Walter Barberis vino después de la guerra de su Italia natal a Buenos Aires.
Desde su juventud tocó la guitarra y cantó. Cuando ya de grande descubrió el
Bar El Chino, en el que su hijo solía cantar tango, se enamoró del bar y comenzó
él también a cantar allí. Walter solía hablar del dolor del desarraigo como una
fuerza creadora. También le gustaba decir que muchos de los mejores tangos
habían sido escritos por los hijos de los inmigrates italianos...
Y tenía razón.
Abel Frías , guitarrista autodidacta, nació en Madariaga y vino de joven con una
guitarra, que él había encontrado rota y arreglado años atrás, a Buenos Aires.
La vida en Buenos Aires no fue fácil. Recorrió durante años el Gran Buenos
Aires de boliche en boliche cantando folklore. Muchas veces lo que ganaba
ni le alcanzaba para pagar el colectivo de vuelta a su casa. Abel se hizo amigo
de El Chino y durante 18 años consecutivos tocó todos los fines de semana en
su bar. Abel era también buen amigo de todos los cantantes del bar. Los conocía
tan bien, que cuando se daba cuenta que estaban mal de la voz, les bajaba
los tonos. El Bar El Chino era su mundo. Una semana después de la muerte de
su amigo, Abel abandonó el bar y nunca más volvió.
Orquesta Típica Imperial es una agrupación de jóvenes músicos argentinos,
que encontraron en el tango una música con gran identidad en la que se distinguen
como intérpretes, arregladores y compositores, con un estilo marcado,
lleno de una riqueza armónica y rítmica capaz de producir fuertes emociones
en el público.
La Orquesta típica, surgida en la época de oro del tango, es una de las formaciones
más evolucionadas dentro de la música popular. La Orquesta Típica
Imperial retoma esa formación con cuatro bandoneones, cuatro violines,
contrabajo, piano y cantante y, partiendo del compromiso con un sonido
puramente tanguero, continúa el desarrollo del género.
La OTI se ha presentado a lo largo de sus giras europeas en escenarios tan
importantes como el Festival de Jazz de Montreal, el Summer Stage de Quebec,
el Lincoln Center Out of Doors de New York, el Chicago Cultural Center,
los teatros Kit Tropentheater y De Doelen de Holanda, el Nacional Palace of
Cultura de Sofía, el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, entre otros,
además de los festivales de tango más importantes en Argentina y otros países
de Latinoamérica y Europa.
Video:
Un documental con el tango de Cristina de Los Angeles y sus amigos: Inés Arce, Julio César Fernán, Abel Frías, Orquesta Típica Imperial, Omar Garré. Argentina, 2009, duración 88 minutos. http://www.imdb.com/title/tt1396564/
Director: Bio & filmografía de German Kral
German Kral nació en 1968 en Buenos Aires, donde vivió hasta 1991 cuando viajó a Alemania para
estudiar cine en la misma escuela en la que veinte años antes había estudiado su admirado director
Wim Wenders. Desde que finalizó sus estudios en la Escuela de Cine y Televisión de Munich trabaja
como director y guionista para cine y TV. German Kral vive en Munich y en Buenos Aires.
Sus películas han sido mostradas en numerosos festivales internacionales y han recibido premios en todo
el mundo. Algunos de sus documentales han sido estrenados en el cine y emitidos en la televisión alemana
(BR, VOX, Phoenix, 3Sat, ARTE).
Entre 1994 y 1996 German Kral trabajó por primera vez con Wim Wenders en la película “Die Gebrüder
Skladanowsky” (Los Hermanos Skladanowsky) que fue emitida por el canal de TV ARTE y que obtuvo
distribución cinematográfica en Italia y Japón.
“Imágenes de la Ausencia” su película de tesis en la Escuela de Cine de Munich sobre la separación de sus
padres, fue nominada para el reconocido premio alemán “Grimme Preis”, ganó en 1999 el “Grand Prize“
en el Festival de Cine Internacional de Yamagata en Japón y en el 2000 el Premio a la Mejor Película
Documental de Bavaria. “Imágenes de la Ausencia” fue además mostrada en todo el mundo por el
Instituto Goethe dentro de su ciclo “Nuevas Tendencias en el Cine Documental“ y es parte de dos colecciones
del ACMI (Australian Centre for the Moving Image).
Entre los años 2000 y 2002 German Kral dirigió 3 documentales para la TV alemana. Wim Wenders le
ofreció luego la dirección de la película “Música Cubana”, que tuvo su estreno internacional en el Festival
de Cine de Venecia (2004) y que ha recibido distribución cinematográfica internacional en Alemania,
Italia, Francia, Holanda, Japón, Bélgica, Finlandia, Grecia, etc. “Música Cubana” fue además elegida por el
Media Plus Programm para formar parte de un grupo de 8 películas ofrecidas especialmente por Media
Plus para el fomento del cine europeo en países del tercer mundo.
En el 2005 su guión del largometraje de ficción “Tango-Bar”, recibió una “Mención Especial” del jurado del
“Premio Tankred Dorst de Munich”, y fue además elegido para participar del reconocido programa europeo
“eQuinoxe Screenwriting Workshop” en Cannes.
Entre 1999 y 2008 German Kral trabajó en El Último Aplauso, una co-producción entre Argentina,
Alemania y Japón y que se presentará en la 24° del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y se
estrena comercialmente en el país el 3 de diciembre de 2009. El Último Aplauso recibió el “Premio al
mejor documental” del Festival de Cine Documental en Munich, y el “Premio de la Ciudad de Munich”.