HORACION SALGAN: “Amo toda la música popular, y el tango es una de ellas”

A los 93 años, este excepcional pianista, compositor, arreglador y director de orquesta sigue siendo una de las figuras emblemáticas del tango clásico. El próximo viernes se le hará un reconocimiento público en Buenos Aires y quedará instituido el Premio Nacional del Tango que llevará su nombre.

No es un renovador ni un vanguardista. Él mismo declaró alguna vez que por el tango sentía una devoción que, aunque de raigambre académica, no era menos pasional. En realidad, esa devoción era - y sigue siendo- por todos los géneros populares, ya que desde muy chico sus manos prodigiosas le daban aire a Bach, Chopin, Beethoven, Ravel, sumados a grandes nombres del jazz, el folclore, la música brasileña y, claro está, el tango.

Su oído nunca discriminó géneros ante lo que para él era fundamental: la creación de climas. Y esa premisa lo acompañó tanto en las salas de cine mudo, donde su piano solista supo musicalizar numerosas matinés de principios del siglo XX, como en las orquestas bailables, los conciertos que ofreció en el Colón y hasta como organista de iglesia, oficio que desempeñó en sus años mozos.

Hasta el mismísimo Arthur Rubinstein admiró su estilo y una anécdota cuenta que, en una de sus visitas a la Argentina, el célebre pianista polaco se llevó sin permiso varios discos de Salgán de la casa de Lalo Schifrin.

Europa y los Estados Unidos también ovacionaron su lealtad hacia los principios fundacionales del tango y un crítico francés del diario Le Monde llegó a escribir: “Las orquestas dirigidas por Salgán en los años 1944 a 1957, amplían la forma tradicional del tango, profundizan el sentido rítmico y le agregan un “toque negro”, crean un nuevo tipo de tanguismo profundamente arraigado a sus orígenes, pero también receptivo a Bartok, Ravel, el jazz y la música del Brasil”.

El próximo viernes 11, Día Nacional del Tango en honor a la fecha de nacimiento de Carlos Gardel en 1890 y de Julio De Caro en 1899, la agencia de noticias Télam y el Consejo Federal de la Música instituirán un premio nacional que llevará el nombre de Horacio Salgán y se honrará con un acto público a este gran músico nacido el 15 de julio de 1916 en la porteñísima calle Gallo, muy cerca de donde vivía Carlos Gardel.

La entrevista

-Usted dijo alguna vez que acompañar es crear clima.

-Sí. El acompañamiento de una orquesta o de un pianista es más importante de lo que se supone. Es el que tiene que preparar la entrada y sostener lo que sigue. Si estamos en una parte donde la letra habla de algo triste, por ejemplo, hay que prepararse para eso. No puede llegar de golpe. El acompañamiento es la posibilidad de vestir un tema con el mejor ropaje.

-¿Eso supone un estudio profundo de las letras?

-Muchas veces nos encontramos con que el arreglador no le ha puesto suficiente atención a la letra y tal vez acompañe una letra triste con un movimiento vital y alegre, en plena contradicción con lo que debiera hacer.

-¿A qué cantante le gusta o le gustaba más acompañar?

-Yo tuve la suerte de acompañar a los mejores: Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche que entonces era colectivero. Los dos eran muy distintos, pero con expresiones personalísimas.

-¿Qué era lo mejor de Goyeneche?

-El decir. Y Rivero era un gran maestro del canto y la expresión, con gran conocimiento del tango y los ambientes tangueros. Además tocaba muy bien la guitarra. Pero el maestro de todos, de los que cantan y de los que tocamos, fue Carlos Gardel.

-¿Qué le enseñó Gardel a usted?

-Todo. El tango fue una cosa antes y otra cosa después de Gardel. Por el fraseo, por las expresiones. Y también tenemos una deuda con él en la parte orquestal. Esto lo hablamos una vez con el Gordo Pichuco. Gardel cambió la forma. Dio líneas para seguir, con una estructura extraordinaria, novedosa.

-¿Esas líneas tienen límites?

-No, no hay límites. Lo extraordinario del tango es la amplitud. Las orquestas de Osvaldo Fresedo, de Troilo, de Carlos Di Sarli, de Alfredo Gobbi, fueron completamente distintas y todo sigue siendo tango. Y lo notable es adónde llegó esta música después de haber sido tabú en sus comienzos para las clases altas.

Cuando yo era chico, muchos músicos de tango ocultaban sus apellidos porque ese ambiente era mal visto. Mi padre, por ejemplo, decía: "El tango 'El entrerriano', de Rosendo". Y después se supo que se llamaba Mendizábal. No decía su apellido porque era profesor de música de algunas niñas de familia bien que se hubieran horrorizado al saber que su maestro tocaba tango.

Pero el tiempo pasa y todo cambia. Una música que antes no se podía aceptar terminó siendo admitida por los grandes maestros del mundo y las más prestigiosas orquestas sinfónicas. Ese es el gran camino que ha recorrido el tango. Por eso sus posibilidades son inmensas e inacabables. Los límites dependen sólo de cada compositor.

-¿Qué tango suyo le gusta más?

-De lo que he hecho me pasa como con los hijos. No me gustaría decir que un hijo determinado es el preferido. Todos son hijos y queridos por igual. Lo mismo sucede con la música. Cuando hago una composición o un arreglo es una obra única, de manera que pongo toda mi pasión en hacerlo lo mejor posible. Y cuando llega otra composición, cuando llega otro arreglo, empiezo con el mismo amor.

-¿En qué momento del día compone?

-La noche... Tengo predisposición por la noche, que es cuando más cómodo me siento para trabajar.

-También para tocar.

-Para tocar también. Bueno, para tocar en cualquier momento. Ya le dije que trabajé 75 años. No dejé ningún género afuera. Trabajé en tango, folclore, música brasileña, música tropical... Cualquier momento era bueno para trabajar, para orquestar, y las ideas llegaban en cualquier momento.

-¿Usted siente algo diferente al tocar tango?

-No. Es curioso. Cuando trabajaba sobre folclore u otros géneros populares tenía la sensación de que en realidad siempre me había dedicado a eso. Pasaba a otro género y me ocurría lo mismo. Obviamente también en el tango.

-¿Y el jazz? ¿En qué se parece al tango?

-Son dos cosas distintas. La música es una expresión de la vida misma. Cuando cambia la vida cambia la música. Esa es la resultante de la vida. La gente que generó el jazz es distinta a la que generó el tango, y el ambiente también es diferente. Por eso el resultado es distinto.

-¿Por qué disfruta tanto tocando tango?

-Porque es una gran música.

-Antes del concepto, ¿dónde siente que es una gran música?

-A mí toda la música, en general, me produce una sensación física. Yo me crié con el tango. Cuando era chico, cuando era joven, se tocaba tango como cosa principal, sin perjuicio de que hubiese otros géneros como los valses y los pasodobles. Pero el tango era la música nuestra y estaba a toda hora y en todos lados.

-¿Cuándo empezó a trabajar?

-A los 14, en el cine, que en ese entonces era mudo. Teníamos que estar dispuestos a tocar lo que fuera. Por ejemplo había una película que se llamaba "Los barqueros del Volga" y tuvimos que tocar con un conjunto de cantantes rusos, radicados aquí, que me parece que se llamaba "Los cosacos del Don".

Y en Semana Santa se tocaba una música propicia para la proyección de alguna película sagrada. Otras veces se tocaban temas de moda, foxtrot, valses vieneses y hasta romanzas de ópera, aunque no tuvieran nada que ver con la película que se proyectaba.

-¿A qué otros pianistas considera grandes artistas?

-El más grande pianista que los pianistas hemos conocido es Rubinstein, que también admiraba, como ya le dije, al tango. En la película "Por amor a la vida" él mismo cuenta que cuando escuchó los primeros tangos se le caían las lágrimas.

Y me contó Lalo Schifrin que Rubinstein, con quien se visitaban, un día fue a la casa de él, se llevó los discos míos y nunca se los devolvió. ¡Los tuvo que comprar otra vez! De Franz Liszt sabemos que fue un compositor genial. Quién sabe cómo habrá sido como pianista. Mozart también debe haber sido un gran pianista. Todos estos genios aportaron grandes obras. También Brahms, Beethoven, Rachmaninov, Rimsky-Korsakov....

-¿Cuál es la clave secreta de un buen pianista?

-Hay una sola clave: estudiar, estudiar y estudiar. Y tener un buen maestro.

-¿Estudiar muchas horas diarias?

-En ese sentido es muy importante tener en cuenta lo que dice Walter Gieseking. No se trata de la cantidad de horas sino del estado de concentración en lo que se está haciendo. Si no, los alumnos tocan mucho y estudian poco.

Estudiar significa concentrarse en un problema y dedicarse a resolverlo. No se trata de tocar sin pensar. Es pensar en la solución de ese problema. Si uno se concentra bien puede estudiar mucho en menos tiempo. Cuando uno se empieza a cansar ya no aprende, ya no progresa.

-¿Es difícil dirigir?

-Una orquesta típica no, no es difícil. Es poco lo que el director puede o debe dirigir. En una sinfónica sí, pero en una típica la forma de tocar ya viene explicitada, y también cuenta el conocimiento de los músicos sobre el género. Tiene que haber una simbiosis en ese aspecto. Lo que hace falta es que el arreglador defina al detalle la interpretación. Que cada frase la haga como corresponde. Tiene que tener mucho cuidado.

-¿Cuáles son para usted los grandes poetas del tango?

-Hay enormes como Homero Manzi, Enrique Cadícamo, Discépolo... Pero en lo personal, una letra que me conmueve como pocas es la del tango “Como abrazado a un rencor”, con letra de Antonio Miguel Podestá

Nota publicada en el diario: LOS ANDES.
Link: http://www.losandes.com.ar/notas/2009/12/8/estilo-460914.asp

 

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