Julio Duplaa

¿Dónde naciste Julio?
Nací en una casa humilde en el barrio de Villa Urquiza, que en ese momento llamaban “La Siberia”. Sabés pórque le decían así?. Algunos dicen que era porque estaba la fábrica Grafa (de sábanas) y tenía unas chimeneas que largaban un polvillo blanco que parecía nieve. Otros dicen que era porque un día trajeron a Gardel a cantar al 25 de Mayo y era tan lejos del centro que dijo: a donde me traés a cantar… a Siberia!. Vaya a saber porque fue…

Julio Duplaa

¿Dónde estaba tu casa?
Nací en una casa que estaba en la calle Acha, atrás del Sunderland. Después me mudé a Pedraza, atrás del Sin Rumbo. Mi viejo era porteño y le gustaba mucho el tango. Aún hoy tengo en la memoria el silbido de mi mamá… silbaba muy bien, mi hermano Ricardo era muy milonguero. Me crié en un barrio humilde y bueno. Si te caías en la calle no necesitas a tus viejos, porque los vecinos te cuidaban.

¿Cuándo empezaste a frecuentar las milongas?
Fue de muy pibe. Hice mucho teatro, hasta los 40 años, que me quedé afónico por el cigarrillo y dejé. Antes se llamaban conjunto filo-dramático, iban a distinto clubes. Mi tío Toto Círilo, que Dios lo guarde, era un campeón y tenía uno de estos grupos con sus hermanos. Mi viejo me mandaba con ellos a los clubes y alguna vez hacía algún papelito. Cuando terminaba el teatro se corrían las sillas y empezaba la milonga.

¿Cómo eran esas milongas?
Se hacían las milongas en patios grandes, entonces se bailaba con pasos bien largos. El tango era cosa seria. Se decía: la ronda es para milonguear y el medio para chamuyar. No había mesas. Había sillas atadas con hilo. ¿No se por qué? será para que no se las afanen!. Las madres sentadas con las ropas, las chicas paraditas al lado y los muchachos que cabeceaban para sacar a bailar. Estaban los códigos de la milonga: por ejemplo nadie cruzaba la pista, se daba toda la vuelta por ir de un lado al otro. Estaban Sin Rumbo, Pinocho, El Estudiantil, El Paturuzú, El 9 de de julio…

¿Y cómo se bailaba?
Antes cada milonguero tenía una personalidad. El paso que le veías a otro, se lo copiabas pero se lo arreglaba de una manera que pareciera distinto, todos bailaban diferente.
Veías bailar a alguien y sabías de que barrio era, porque había una cadencia de barrio. Por ejemplo el de Villa Urquiza era elegante, cadencioso, sin tanta verdura, era roba-mirada, esto quiere decir cuando alguien sale a bailar y todos lo miran, se transforma en un roba-mirada.
Antes los milongueros viejos te tiraban moneditas, si hacías mucha verdura, o sea, si hacías pasos estrafalarios… te decían “andate al circo”. Por más que fueras el más pintón no te daban bola si no sabías bailar. Si chocabas mucho, ¡qué papelón!, te ibas. Lo mismo si cabeceabas y te decían que sí, ¡pero era para otro!.

¿Quién te enseñó a bailar?
Mi hermano y sus amigos que bailaban en mi casa. También El negro Portalea en Sin Rumbo, que me enseñó a pararme, yo bailaba encorvado. Los pasos en esa época no se enseñaban, se decía “me pasas ese paso”, la palabra enseñar era como denigrar un poco. Uno hacía el rol del hombre pero también el de la mujer, así obtenías una idea bien clara del baile.

¿Cómo empezaste con la Milonga Sin Rumbo?
El club estaba olvidado, me llamaron de la comisión y me ofrecieron armar una milonga. Dije que sí y armé una como las de antes, solo se pasaba tango vals y algún jazz.  Lo hicimos junto a mi mujer (Elsa), trabajamos como locos. Los chicos querían venir a bailar gratis porque era Sin Rumbo!.
Estuve 5 años hasta que me cansé de las desidias de alguna gente que no quiere al club como yo.

¿Después empezaste en el 25 de Mayo?
Sí hacemos una milonga en el Centro Cultural 25 de mayo los domingos. Va muchísima gente. Es mucho más fácil, acá no hago todo yo. Ahora estamos de descanso pero en marzo volvemos.

¿Y ahora estás con el proyecto: Los clubes de barrio?
Sí, me agarró este berretín. Hablé con la gente de promoción cultural y me dieron el OK. Propongo que la gente me mande “su” Club, el de su barrio, el de su viejo. Que haya sido milonguero y que en la actualidad ande medio “triste y solitario”, que no este haciendo milongas ni nada parecido, ni esté cerca de ninguna milonga “tradicional”…pa¡ no competir. El Club se queda con lo que vende su buffet pero la entrada debe ser libre y gratuita, nos encargamos de todo lo demás, show con bailarina y/o cantores, y todo eso. Me pueden escribir a: julioduplaa@hotmail.com
Yo soy de barrio, sé de lo que hablo. Me crié en ese ambiente, de tango, familia y buena gente. Antes los clubes te protegían… te contenían. Tenemos que volver a eso.  FIN

Nota publicada en Revista PUNTO TANGO 76 – Febrero 2013

Entrevista exclusiva por: Juan Pablo Librera
Fotos: Juan Pablo Librera – FOTOGRAFIA