LA MUGRE DEL TANGO.
Por Manuel Gonzalez.

Publicada en la Revista PUNTO TANGO Nro. 46
Agosto 2010

 

Es una frase o idea que quizá hayan escuchado: que el Tango tiene mugre; o mejor dicho, que el buen tango “tiene” que tener mugre. Cuando lo escuché por primera vez, me llamó Poderosamente la atención, porque creí saber o sentir inmediatamente de que se trataba, pero investigando, me encontré con que el término se aplica solo a una parte de lo que yo sentía y mas específicamente a la música y a los músicos que a otra cosa . Sin embargo, creo que quienes llevan una vida muy cerca del tango, estarán de acuerdo conmigo con que esta mugre se extiende hacia la milonga y al ambiente tanguero en sí. Es por eso que esta nota me es muy complicada de encarar. Por un lado, está la investigación de esta mugre como código musical tanguero, de algo muy específico y técnico; y por el otro, la mugre que yo siento en todo lo que es cercano al mundo del la milonga que, de alguna manera tienen a mi entender una conexión intima con el concepto musical e instrumental de “La mugre”.

Para terminar de una vez con todo posible chiste sobre bañarse o cortarse las uñas, y para avivar a cualquier pelandrún distraído, apuro el trago diciendo que al nombrar esta mugre, hablo de algo muy valioso, profundo, rico, pero muy difícil de explicar; esto es como si se hablara del condimento, la esencia o el alma del Tango. En el Jazz hay un concepto similar en llamado “Swing”, y en el Soul y Funk, llamado “Groove”. Y nosotros, los argentinos, como no podía ser de otra manera lo llamamos “Mugre” Ahora, esta Mugre se define en el sentido musical como el conjunto de ciertos defectos intencionales, que son “efectos” de diferentes técnicas que utilizan los músicos tangueros variando según su instrumento, para dar una sensación de sonido “embarrado”. Todos estos efectos colaboran con armar la mugre; algunos son acentos, ataques y efectos percutidos; otros directamente están bautizados como “la chicharra”,”la guitarrita”, "el efecto canyengue", ”el látigo, “el tambor”, etc. Pero hay uno, tan importante, sin el cual el tango no podría existir, o en todo caso existiría como otra música. Trataré de explicar entonces, al más importante y fundamental de estos supuestos defectos efectos llamado:

El arrastre: Consiste en una carga y estiramiento de sonido inarmónico no consonante, que se anticipa al tiempo fuerte que sí, es armónico y consonante. En el traslado de este sonido hay una mutación de uno a otro pasando por un degradé. Cada instrumento lo logra a su manera, ya que es un concepto un poco "abstracto" y no condicionado a cada instrumento; un ejemplo claro se ve en el contrabajo o la guitarra, donde la mano del mástil desliza desde un lugar indefinido un ruido que muta trasladándose hacia la nota o acorde sobre el tiempo fuerte. Este sonido inicial es feo, tiene algo de indefinido, empastado, sucio, crudo, variable y que luego va definiéndose gradualmente en sonido armónico que muestra su intención y claridad creando de esta manera un suspenso o tensión anterior al acorde, que es el carácter más particular y esencial en el sonido del tango.

Algo muy interesante es el hecho de que si bien La Mugre, figura escrita en partituras, es algo tan indefinido que varía en duración y carácter según su ejecutante, que hay que ser músico de Tango para comprenderlo, y para aprenderlas no alcanza con solo estudiar; no se puede aprender esto de los libros ni métodos escritos; hay que verlo y tocarlo mucho con otros músicos, “ensuciarse” con el género, vivirlo, parrillearlo, tratar de aprenderlo de los que saben y si estos no se dignan a enseñarlo o no saben transmitirlo, espiarlo y copiarlo como quien roba un secreto valioso. Estas técnicas son totalmente argentinas e inventadas por porteños, es por eso que nuestro tango tiene un gusto especial. Allí se siente nuestra mugre más bella, la personalidad del tango.

Atenti la barriada: Hay quienes confunden la mugre con “tocar mal”, y hay quienes se aprovechan nombrando la mugre, para defender una mala sonoridad o estridencia diciendo que ellos tocan con mugre. No confundir, tocar con mugre es tocar con el gusto del tango, pero no tocar mal. Si bien es cierto, que cuando se limpia del todo una obra, puede perderse esencia del Tango no por eso las ejecuciones deben ser “sucias” (mugre y suciedad, no es lo mismo). Lo que no se puede, es tocar correctamente el Tango, sin determinados efectos - defectos (que son del género).
Podríamos decir entonces que La mugre del tango, como término real es el conjunto de sonoridades que le dan un gusto único a nuestra música ciudadana. Sin embargo, reflexionando y sintiendo, me parece haber encontrado también en las milongas y bolichones (y no solo en su música), a esa mugre que en principio parece sucia, pero al empezar a respirarla se transforma en magia, y en la armonía de un vicio dulce. Creo que esta mugre está en el aire y las sombras de la milonga. Es la que al principio sentimos rara y nos pareciera no estar del todo bien, pero al cabo de un tiempo la vemos con ternura, gusto u enorme placer. A veces se puede ver o se la siente en diferentes situaciones de la noche:

Cuando en alguna milonga a las 4 o 5 de la mañana de un día de semana, nadie parece querer dejar de bailar, cantar o tomar, aunque nos echen a patadas del lugar (¿es que nadie labura en este país?). Aparece mientras vemos al borracho que se duerme sentado en un rincón; o cuando con una sonrisa, nos saluda El loco lindo que cuida los autos con su botella debajo del brazo. Nos ronda siempre entre en las charlas con los mozos/as o los barmans, está en el susurro del viejo milonguero que acodado en la barra te mira y te tira un consejo de barrio sabio y bien atorrante. Se adivina al ver quienes se meten en el baño vencidos por el cansancio y salen frescos “mágicamente”, listos para volar en la pista. Se descubre cuando pescamos el raje de los/as que andan de trampa o con varios amores a la vez. Hierve cuando nos desnudamos bailando en un abrazo apretado e íntimo y terminamos ambos con los ojos cerrados y el corazón al galope; para después pensar “que loco…, y ni siquiera se como se llama”. Se planta en el músico que al terminar la milonga, se anima a desenfundar su guitarra o subirse al piano para despedir la noche como si fuera la última, jurando a San Pugliese, que solo lo detendrán las luces blancas o los inspectores del Gobierno de la ciudad. Y por último, empieza a estar del lado de los que la vemos, de los que disfrutamos de esta mugre, como espectadores de un maravilloso teatro de marionetas oscuras, Los mismos que si no nos cuidamos de contemplarla demasiado, notamos que empezamos o terminamos siendo parte de ella.

Quiero agradecer, para esta nota, la enorme colabo-ración y sabiduría de “Alejo de los Reyes”, excelente músico, Guitarrista, e integrante del magnífico trío “Los corrales de Miserere”.
http://corralesdemiserere.com.ar/

Manuel Gonzalez - www.elamague.blogspot.com
Nota publicada en PUNTO TANGO Nº 46 - Agosto 2010.

 
 
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