Gran noche y homenaje doble para leopoldo federico -
La mejor orquesta y bandoneón posibles.
El concierto del maestro fue, sin duda, uno de los puntos altos del festival de tango que transcurre con salas llenas y entradas agotadas. Con Susana Rinaldi y José Colángelo como invitados, la actuación de la orquesta incluyó hasta un homenaje a Julio Sosa.
El edificio de las Tiendas Harrods está abarrotado de gente. La multitud hace rato colmó la capacidad del auditorio donde se realizan los conciertos, y los rezagados –muchos de los cuales habían estado en la presentación del libro Leopoldo Federico, el inefable bandoneón del tango– están obligados a observar lo que viene en puntas de pie, adivinando el escenario entre la cantidad de cabezas que pugnan por lograr lo mismo.
Vale la pena: el Festival de Tango ofrece el mejor bandoneonista posible, dirigiendo la mejor orquesta posible. Es el corolario de la gran noche de Leopoldo Federico, y todo está dado para que la fiesta termine como corresponde: con el maestro haciéndose cargo de la que es, hoy por hoy, la Típica que alcanza el mayor nivel de excelencia de todas las existentes por nivel expresivo, ensamble en todas sus líneas y capacidad de representación de un estilo que difícilmente encuentre parangón.
Rodeado de un verdadero seleccionado de músicos (Horacio Cabarcos en contrabajo, Nicolás Ledesma en piano, Pablo Agri, Damián Bolotín, Brigita Danko y Mauricio Svidovsky en violines, Diego Sánchez en violonchelo, y Horacio Romo, Carlos Corrales y Héctor Lettera acompañándolo en la fila de bandoneones), Federico arrancó rindiendo tributo a dos grandes del género: “Agustín Bardi” y “Orlando Goñi”. Dos títulos encadenados que plantaron las bases del acuerdo de feliz convivencia que honraron Federico y el público. “La bordona”, “Milonguero viejo” y “Adiós Nonino” demostraron que la orquesta cumplía –como siempre– aquello que estaba prometiendo. No es casualidad que muchos músicos (por ahí andaban los jóvenes Julián Peralta e Ignacio Varchausky) estuvieran presentes.
Una engolada locutora (en lo que parece un guiño al turismo, el Festival no tiene shows sin presentaciones) anunció a Carlos Gari –vocalista de la orquesta desde hace 45 años–, que en tres tangos demostró ser el cantor exacto para la formación.
Como invitados, el pianista José “Pepe” Colángelo y Susana Rinaldi, que ofreció una versión sentida de “Che, bandoneón”, acompañada por el maestro.
Hasta hubo lugar para Julio Sosa. El cantor uruguayo, que logró sus mayores éxitos bajo la batuta de Federico, apareció en una grabación rara del poema de Celedonio Flores “Por qué canto así”, que la orquesta coronó con la misma exquisita variación con la que finalizaba la grabación original. Para el final, una selección que funcionó como una síntesis de lo poderoso del concierto.
Leopoldo Federico fue bandoneonista de algunas de las más grandes orquestas de la historia (Alfredo Gobbi, Carlos Di Sarli, Astor Piazzolla, Horacio Salgán, Miguel Caló), fue amoldándose a distintos formatos en las épocas en que el tango tuvo que resistir los embates de las nuevas expresiones. La actual gravedad de su fuelle –que se parece mucho a eso llamado “la voz de la experiencia”– lo certifica.
OPINIÓN
La leyenda continúa con la biografía de Federico
Andrés Casak
Sin el tango sobran historias de músicos olvidados, con Leopoldo Federico ocurrió lo contrario. Durante los últimos años, Federico fue el eje de una serie de reconocimientos que hicieron foco en su cuádruple condición de bandoneonista, compositor arreglador y director. El listado incluye la película Por la vuelta, de Cristian Pauls, múltiples homenajes y reediciones discográficas. Ahora se agrega a la lista un extenso libro biográfico: Leopoldo Federico, el inefable bandoneón del tango, escrito por Jorge Dimov y Esther Echanbaum Jonisz.
En el marco del festival, se presentó el texto. En rigor, fue una jornada entera dedicada al bandoneonista de 82 años, porque todo empezó a las 18.30 con las palabras de los panelistas en una sala de Harrods y terminó a las 22 con el fervoroso público aplaudiendo a la orquesta después del bis. Tal vez la mixtura entre el feriado y la gratuidad del evento ayudó a acrecentar la convocatoria, pero lo que se vivió superó cualquier expectativa.
“Leopoldo siempre está en su mejor momento”, definió el investigador Oscar del Priore. El evento reunió a un elenco de músicos de diferentes generaciones que asistieron como curiosos: observaron atentos Susana Rinaldi, Horacio Malvicino, Guillermo Fernández, José Colángelo y Pablo Agri. Con su habitual mezcla de humildad y honestidad brutal –como lo definió Héctor Larrea–, Federico tomó el micrófono hacia el final: “No me merezco todo esto”, dijo antes de emocionarse.
Planteado como un libro de entrevistas y sazonado con mucha información sobre su discografía, Leopoldo Federico, el inefable bandoneón del tango atraviesa los diferentes tramos de su carrera, desde el muchacho que a los 17 años empezó con la orquesta típica de Di Adamo-Flores en el Tabarís, cuando su padre pasaba a buscarlo a las 4 de mañana, hasta este presente que cruza el mito artístico y la modestia personal con la vigencia musical. Los autores indagan en la vida del músico, puerta de entrada para hablar de orquestas y compositores de tango desde los años 40.
Nota publicada en diario CRITICA.
Link: http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=29395
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