| Mario Morales conversa con seguridad, sin perder nunca el tono sereno y amable, diría que tiene un cierto toque zen. Es un clásico en coreografiar parejas que van a competir en el mundial de tango. Ha preparado entre otros a los actuales ganadores Diego Ortega y Chizuko Kuwamoto. Sobre estas y otras cosas hablamos en su estudio del barrio de San Telmo. ¿Cómo es el trabajo coreográfico para una competencia?
La competencia es el trabajo que a mí más me exige. Tengo que trabajar en el diseño coreográfico, la puesta en escena, la ubicación, la historia que la coreografía tiene que contar para que no sea algo vacío, solo pasos puestos en la música.
¿Sí o sí tiene que contar una historia?
Sí. La historia puede ser desde lo teatral con un guión o una historia coreográfica en donde solo los movimientos tienen una familiaridad y una consecuencia que hacen sentir una armonía.
¿Cuál es el primer desafío que surge?
Generar el equilibrio. En general tienen visiones diferentes y uno debe mediar para hacerles entender que lo que se tiene que lograr es un artista formado por dos bailarines. Después de eso se puede empezar a trabajar en serio.
¿Por dónde empezás el trabajo en serio?
Busco familiarizarme con la pareja. En él busco entender desde donde siente la música, como la interpreta, como la genera. Y en ella que es lo que le gusta sentir, que le gusta hacer con sus pies. Una vez que descubro sus gustos personales, trato de empezar a construir algo con movimientos que les vayan bien y en algún momento hay algo que me descubre el objetivo final. Ahí surge la idea del guión que yo me armó y que necesito, para que me guíe en esa coreografía, para esas personas.
¿Cuál es el momento en dónde decís: el trabajo ya está?
Hay un momento en donde “mágicamente” siento que se llegó a algo. Este año me pasó con Diego y Chizuko. Empecé a trabajar con ellos en Octubre, en Tokio. Un día llegamos al ensayo, pusimos la música, bailaron y les dije: vamos a comer. Pero si recién llegamos - me dice Diego. No, vamos a comer y a festejar, porque esto ya está- le contesté. Por ahí no teníamos la suerte de ganar pero yo me iba a quedar tranquilo porque habían logrado lo máximo que podía hacer con ellos y lo mejor que ellos podían hacer a través mío.
Después que descubrís ese punto. ¿Qué sigue?
Queda mantener y pulir. Ellos vinieron para acá 2 meses antes del mundial y lo más difícil fue mantener ese nivel que habíamos logrado.
Se habló de ciertas virtudes que tiene las parejas conformadas por bailarines argentino-japonéses. ¿Existe esa característica especial?
No. Creo que son casualidades. En este mundial, en escenario, los mejores fueron Diego y Chizuko, no porque fueran de Argentina y de Japón. No hay una mística de la nacionalidad. Difícilmente se vaya a repetir el año que viene. No hay muchas parejas fuertes Argentino-Japonesas. El año pasado ganó Hiroshi y Kioko y fue justo, en algún momento lo iban a ganar por su excelente nivel, pero no veo en el horizonte otra pareja Japonesa que pueda ganar el mundial de salón.
¿Cómo viviste el momento de la premiación?
Estaba en la platea y salté de felicidad. Solo tenía ganas de ir a abrazarlos, que era una forma de cerrar el ciclo de trabajo. Fue un momento de euforia en donde pensé en la gente que quiero, que me quiere, en la que por alguna razón ya no está conmigo pero que me ayudó mucho a llegar a esto.
¿Preparaste parejas en varios mundiales?
Este año preparé a los ganadores y a Aldana Silveyra y Alejandro Beron que salieron en 9º puesto, y en el 2008 a José Fernández y Melody Celatti que salieron ganadores. Por suerte en todos los mundiales he coreografiado parejas y en todos he tenido parejas que salieron entre los diez primeros, que para mí tiene tanto valor como ganar. Porque muestra una regularidad.
¿Qué hay que buscar en un coreógrafo?
Lo esencial es sentirse indentificado, en el trabajo no en el baile. No buscar en la imagen del otro mi propia imagen, sino buscar buscar cómo mejorar mi propia imagen.
Técnicamente ¿Qué debe conocer un coreógrafo?.
La técnica de escenario, donde estamos plantados, puntos débiles y fuertes, las diagonales visibles e invisibles. La puesta en escena de un artista. Tengo un libro escrito sobre técnicas coreográficas que un día publicaré. Un buen coreógrafo puede disfrazar una pareja pésima y transformarla en una decorosa. Y uno malo le puede arruinar un trabajo.
¿Cuál es una virtud imprescindible para un coreógrafo?
El ojo. Como se ve y como se analiza. Los conocimientos son importantes, pero saber reconocer que va y que no, es esencial. Tener el gusto popular incorporado en la vista sin dejar de lado lo técnico. Que la vista no engañe.
¿Realizaste un casting hace pocos días?
Sí, estoy con la idea un poco loca de hacer un musical coreográfico de tango. Un musical, pero totalmente a través de la danza, del baile del tango. Con bailarines que cuenten una historia muy profunda. Estoy en etapa de preproducción. Ya está el guión, la música, los bailarines y el productor. Seguramente no será en calle Corrientes, porque los dueño de los teatros que no me han dicho que no, me han pasado unos valores que es lo mismo que decirme que no. Me comentan que el tango no es negocio, y me proponen que armé algo con las chicas de Tinelli!!!. Ya nos han invitado para que lo vayamos a presentar a distintos países cuando esté listo y acá no encuentro teatro. Es difícil encontrar un lugar para el tango en Buenos Aires.
Reportaje publicado en la revista PUNTO TANGO Nº 48 - Octubre 2010. |